A nadie le gusta sentirse guiri. Queremos creer que cuando vamos a las capitales europeas somos los turistas que más saben, los que se salen del circuito, quienes descubren los misterios que esconde la ciudad y que suelen estar ocultos a la vista de todo el mundo. Casi siempre, con un poco de práctica y unas búsquedas estratégicas en Internet, conseguimos torcer el mapa y encontrar callejones y secretos que sólo disfrutamos nosotras… y unos miles de turistas más tan espabilados como nosotras. Cachis.
La verdad es que los secretos de las ciudades te los tienen que chivar al oído. Gente que viva, que enseñe, que te lleve de la mano a conocer. El orgullo de barrio hace más por el turismo que las tour operadoras, los cruceros y los grandes portales turísticos juntos. Un turismo respetuoso y sostenible, de personas guiando a personas. Compartir secretos es humano, es genial y nos conecta con los demás a niveles mucho más profundos.
Desde que abrimos el segundo Gnomo en El Carmen no dejamos de admirar uno de los paseos más bonitos de la ciudad: saliendo desde Ruzafa, pasamos por la plaza de toros, la Estación del Norte, el Ayuntamiento, el edificio de Correos, la Lonja y el Mercado Central, la plaza del Tosal y el Mercado de Mossen Sorell. Magnificent. Check en todos los hits, que sólo los falta pasar por la Ciudad de las Artes y de las Ciencias para montar un freetour. Pero hoy no te hablaremos de ninguno de estos lugares, sino de unas cuantas curiosidades de esta misma ruta que casi nadie se para a mirar.
Refugio Antiaéreo en el Ayuntamiento
Una ciudad son sus luces y también sus sombras. Recordar que antes que nosotras hubo otras: con sus vidas, sus penas, sus alegrías y por supuesto sus muertes. Ser conscientes de que lo que ahora disfrutamos por encima, tiene un pasado, que a veces se vivió justo debajo. A través de la sala de exposiciones del Ayuntamiento, en la calle Arzobispo Mayoral, se accede a uno de los cientos de refugios antiaéreos que se construyeron en Valencia durante la Guerra Civil. Éste tenía capacidad para albergar a los 700 niños de la escuela adyacente.
Los leones de Correos
En el lateral del Palacio de Comunicaciones, conocido también como edificio de Correos, dos imponentes leones de bronce se encargan de recoger las cartas para España y para el extranjero. Estos animales llevan ahí desde los años 20 del pasado siglo y simbolizan la inviolabilidad de la correspondencia, pues ¿quién se atreve a meter la mano en las fauces de un león? Además, la palabra buzón proviene del italiano bucco, que es un agujero o boca grande. Si te acercas a echar una carta, ándate con ojo, porque puede que al otro lado a alguien se le ocurra darte un susto…
Gaudí en el Pasaje Ripalda
Al leer el nombre del arquitecto ya estarás pensando en la Sagrada Familia, pero resulta que en Valencia también tenemos una obra de Gaudí y sorprendentemente no tiene forma de falla. Desde la plaza del ayuntamiento puedes ir al Pasaje Ripalda, construido a finales del XIX por encargo de la Condesa de Ripalda, que quería salir de tiendas tranquilamente por Valencia igual que lo hacía en Italia.
Poco después de su apertura, la familia Oltra abrió allí una tienda de ropa y tiraron de agenda para el diseño del local. Encargaron a Gaudí 3 cúpulas de cristal y 3 vidrieras para el escaparate. El arquitecto catalán diseñó unas vidrieras en forma de abanico que recuerdan a la cola de un pavo real, un ejemplo claro del modernismo que ya estaba por toda Europa. Años más tarde, los propietarios ampliaron el local y encargaron dos copias más de las vidrieras que dan al interior del pasaje. En los 90 el local cambió de manos. Muchas reformas y el paso de varios comercios eliminaron las cúpulas y almacenaron las vidrieras. Hace unos años se volvieron a rescatar y dos de ellas se cologaron de nuevo en el interior del pasaje. ¡Lo gracioso es que no se sabe si son las originales de Gaudí o las copias que se realizaron posteriormente!
Chewbacca de la Lonja
De la Lonja de la Seda, una maravilla del gótico civil desde la que las palomas mensajeras volaban hacia el puerto, hay mucho que contar. Pero no estamos aquí para eso, sino para que te fijes bien en su fachada. Basándose en libros de la época, los arquitectos del siglo XV crearon un universo en los muros del mercado de la seda. Un universo más bien espeluznante, hay que decir, para que sirviera de adoctrinamiento moral a una población en su mayoría analfabeta. Brujas, monstruos, gárgolas, fornicadores con los genitales al viento, lascivas mujeres, bestialismo, muchos caracoles y… ¡hasta personajes de Star Wars! ¿Que no será la Lonja una máquina del tiempo?
La calle de las cestas
En realidad se llama Músico Peydró, pero en esta calle se concentran tantos comercios del gremio de artesanos del mimbre y la madera, que el pueblo la rebautizó hace ya muchos años. Sillas de enea, cunas, juguetes y muñecas, cestas de mimbre, costureros, utensilios de cocina… No hay nada que no puedas encontrar entre las paredes de estas tiendas cargadas de historia, muchas de ellas centenarias.
La bodega más antigua de Valencia
Como suele suceder en las ciudades con un rico pasado, cada vez que un pico entra en el suelo no sabemos qué vamos a encontrarnos. Algo de eso pasó en la calle Baja de Valencia, cuando durante unas obras se descubrió una auténtica cápsula del tiempo con forma de bodega medieval. Cereales, vino y aceite se elaboraban, guardaban y vendieron hasta bien entrado el siglo XV en este celler del Barrio del Carmen, por aquel entonces extramuros.
Ahora que hemos abierto una nueva ruta, nos quedan muuuuchos sitios por descubrir, por hacer nuestros. Una tarea a la que nos encomendamos con la paciencia de un habitante y con la ilusión de una recién llegada. ¿Nos ayudas? ¿Qué sitios nos llevarías de la mano a descubrir?






