Más allá de la paella

Las vacaciones son para eso: viajar, probar cosas nuevas y, sobre todo, comer y beber cosas de otros sitios para descubrir sabores nuevos que nos flipen. Y claro, eso mismo les pasa a quienes vienen a la nostra terreta (o a España en general): que acaban enamorándose de la gastronomía valenciana/española sin comerlo ni beberlo... bueno, comiéndoselo y bebiéndoselo todo, más bien.

De lo rica que es la gastronomía española, siempre se le ha dado muchísima fama a la paella. Lo de que la paella no es “arroz con cosas” ya lo saben hasta en la Conchinchina, así que hoy vamos a hablar de otros platos españoles de los que estamos igual de orgullosas y que también suelen enamorar a casi todo el mundo.

Porque sí, la paella se lleva toda la fama pero mientras tanto hay toda una liga de comidas que nos han acompañado toda la vida sin pedir nada a cambio, en silencio. Así que esta semana nos ponemos un poco reivindicativas y le hacemos un homenaje a lo que hay “más allá de la paella”.

La gilda

Print gilda de laura ortiz aguantada por una mano

Empecemos por lo más pequeño (pero matón): la gilda. Una anchoa, una oliva y una guindilla ensartadas en un palillo, y ya está, no hace falta más.

Empecemos por lo más pequeño (pero matón): la gilda. Una anchoa, una oliva y una guindilla ensartadas en un palillo, y ya está, no hace falta más.

La cosa nació en San Sebastián, en el bar Casa Vallés, a finales de los años 40, en plena posguerra, cuando en la barra solo había vino y unos cuantos encurtidos sueltos para acompañar. Un cliente habitual, apodado “Txepetxa”, cogió un palillo y, sin pensárselo mucho, ensartó una aceituna, una guindilla y una anchoa. Ni patente ni receta secreta: simplemente estaba ahí, se le ocurrió y punto. El nombre llegó después, por la película “Gilda” que se estrenaba por aquel entonces: verde, salada y un poco picante, como la propia Rita Hayworth.

Y como en Gnomo también tenemos debilidad por las cosas pequeñas y con carácter, tenemos la gilda en formato print, pendientes y postal, para quienes quieran llevar el aperitivo puesto (o enviárselo a alguien que se lo merezca).

GILDAS EVERYWHERE


L’arròs al forn

mano sujetando la gorra en color beige con el texto bordado en marrón que pone arròs al forn>paella

Si la paella es la prima que triunfa en Instagram y sale en las postales, l’arròs al forn es el primo que no tiene redes sociales y le da absolutamente igual tenerlas o no. Nadie hace documentales sobre l’arròs al forn, ningún turista pregunta por él antes de venir a Valencia, y aun así se sigue haciendo cada domingo en miles de casas mientras la paella se reserva para las ocasiones especiales. Es, básicamente, el arroz de la gente normal: el que no necesita salir a la calle a demostrar nada.

Su origen está en, básicamente, aprovechar la comida. Es cocina de puchero de toda la vida, pensada para reutilizar lo que había en casa, sobre todo los restos del cocido o de la olla del día anterior, con el garbanzo, la morcilla y la patata como protagonistas. Se hacía en cazuela de barro y se metía al horno de leña, muchas veces en el horno del panadero del pueblo, porque no todas las casas tenían uno propio.

Esa lógica de “no se tira nada” es la que ha hecho que este plato sobreviva generación tras generación como comida de domingo, mientras la paella se llevaba todo el protagonismo hacia fuera. El arròs al forn nunca ha necesitado salir en ninguna foto para seguir siendo, para muchísimas familias valencianas, el arroz de verdad, el de casa.

Por eso, en Gnomo le hemos querido hacer justicia con una gorra que dice, sin complejos, lo que muchos pensamos en silencio.

LA GORRA


El pincho de tortilla

pin de un pincho de tortilla en metacrilato con un tenedor pinchandolo colocado en una chaqueta vaquera

Vamos a dejar las cosas claras: el pincho de tortilla es sagrado. Es muy difícil que no le guste a alguien (cosa que sí entiendo que pase con las gildas, no a todo el mundo le gustan las aceitunas). Fácil, rico, simple. Patatas y huevo y, claro, el arte de saber hacerla. De saber sacarla en su punto.

Sobre su origen exacto hay más leyendas que certezas, la verdad. La más repetida sitúa su nacimiento en Navarra, en plena Guerra Carlista de principios del XIX, como receta de subsistencia: huevo y patata porque era lo que había, mezclado para que rindiera más y alimentara a más gente con menos. De ahí en adelante, la tortilla de patatas dejó de ser comida de necesidad para convertirse en la bandera comestible de todo un país, esa que se pide igual en un bar de pueblo que en un restaurante chic (donde probablemente te la traen deconstruida, como los hombres que nos gustan).

Es la comida perfecta para cualquier hora del día: desayuno, almuerzo, cena, las tres de la tarde en la barra de un bar mientras esperas a alguien que llega tarde... El pincho de tortilla siempre estará ahí.

Y como merece estar donde se le vea, tenemos un broche de pincho de tortilla, para llevarlo contigo aunque no te lo estés comiendo.



EL BROCHE

Los churros con chocolate

Vamos a lo dulce, que ya tocaba. Los churros con chocolate son ese desayuno/merienda/consuelo emocional que funciona en cualquier situación vital: resacas, domingos por la mañana, tardes de lluvia o simplemente porque sí. No hace falta excusa. El chocolate espeso, los churros crujientes por fuera y blanditos por dentro… ay, qué hambre me ha entrado.

Homenaje obligado con la print de churros con chocolate de Ana Jarén, que tenemos en Gnomo.



LA PRINT

L’esmorzaret valencià


Y llegamos al campeón absoluto, l’esmorzaret. Si no lo conoces, prepárate: esto no es un desayuno, es un ritual. Bocadillo (de los de verdad, con Cacau d’Or o no), unas olivas, unas bravas, una cervecita si el cuerpo lo pide, y toda una liturgia social alrededor de la barra de un bar a media mañana, terminada con un buen cremaet. L’esmorzaret no se hace solo, se hace en compañía, con calma, y preferiblemente sin mirar el móvil.

Es la prueba de que aquí sabemos parar, comer bien y no sentirnos culpables por ello, algo que deberíamos exportar antes que la paella, la verdad.

Como el esmorzaret tiene hasta su propia marca de culto, tenemos las camisetas de Esmorzadors, para los que se declaran fans practicantes del bocata de media mañana sin complejos.



ESMORZADORS

Y si lo que quieres es cocinar (no solo mirar fotos con hambre)
Vale, hasta aquí hemos ido de bar en bar: comiendo con los ojos, admirando y fantaseando con llevarlo todo puesto. Pero si lo tuyo es ponerte un delantal y hacer las cosas en condiciones, en la tienda tenemos varios libros de gastronomía valenciana:

Cuina Nostra, para los que quieren recetas de toda la vida contadas como se cuentan en casa.



CUINA NOSTRA


Gastronomia Valenciana, un repaso serio (pero no aburrido) a los platos que nos definen como territorio.

GASTRONOMÍA VALENCIANA



29 sabores de agradecimiento. Las recetas de la Cantina de Ruzafa, que además de recetas tiene historia, barrio y cariño en cada página.

RECETAS DE RUZAFA

No te vamos a mentir: no vas a hacer un arròs al forn perfecto a la primera. Pero con estos libros al menos vas a fallar con estilo y con la receta correcta delante.

Ya sabes dónde estamos: Ruzafa, El Carmen, y en Instagram, TikTok y YouTube para cuando te dé pereza salir de casa (lo entendemos, no juzgamos). Escríbenos si tienes dudas, que contestamos siempre y con mucho gusto, aunque sea para debatir sobre si la tortilla lleva o no cebolla.

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