¿Te has dado cuenta de que ya no tenemos nada?
No, no me estoy poniendo existencialista. Me refiero a la música, a las películas... O sea, el caso es que pagamos Spotify, pagamos Netflix, y aún así no tenemos nada. Si dejáramos las suscripciones algún día, diríamos adiós a playlists que creamos hace años, adiós a pelis que vemos cuando estamos enfermos, a series a las que volvemos cada cierto tiempo, adiós a Spotify Wrapped y a saber lo que escuchan nuestros amigos.
Todavía recuerdo cuando grababa casetes con mis canciones favoritas y escribía a boli la lista de canciones. Todavía los guardo como pequeños tesoros y reliquias del pasado. Pero dentro de unos años, ¿qué podré enseñar? ¿una playlist que quizá ya no exista?

Con el tiempo, el lugar que ocupaban nuestros DVDs o casetes en las estanterías de casa ha desaparecido. Ahora todo eso se almacena en granjas de servidores que necesitan un suministro de energía constante para poder funcionar. Los medios analógicos, en cambio, reducen el almacenamiento centralizado y la demanda energética. Cada minuto que estamos scrolleando TikTok, Instagram, o lo que sea, en realidad nos estamos vendiendo. Vendemos nuestra atención, nuestras reacciones, nuestros datos. Las plataformas no ofrecen contenido por amor al arte; nos usan para construir un producto que venden. Para que consumamos más y más.
Por eso lo analógico no vuelve por postureo. Vuelve como una forma de recuperar la propiedad. Un libro físico, un vinilo, un Walkman o un radiocasete nos devuelven control, materialidad y responsabilidad. Y lo mejor de todo: cada vez más grupos actuales están editando su música en formatos analógicos. No hay algoritmos, no hay una empresa sabiendo qué escucho, qué leo o qué veo. No hay una realidad que se parezca cada vez más a un capítulo de Black Mirror.
Quizá no se trata de renegar de lo digital ni de vivir como si estuviéramos en 2003. Yo creo que se trata más de volver a tener algo que no desaparezca si un mes no pagas, que no dependa de una actualización, o que no te observe mientras lo usas.
En Gnomo llevamos tiempo pensando en todo esto. Por eso nos apetecía volver a dar espacio a objetos que permiten escuchar de otra manera: Walkmans, radiocasetes, reproductores de CD. No como fetiches vintage ni como una moda, sino como herramientas sencillas para recuperar una relación más consciente con la música y con el tiempo que le dedicamos. A veces, rebobinar una cinta o darle al play a un CD no es mirar atrás: es, simplemente, volver a estar presente.
¡Ya sabes dónde encontrarnos! Estamos en la Calle Cuba 32 o en la Calle Alta 24. También puedes encontrar novedades en nuestra web, y visitarnos en (todavía en medios digitales!) Instagram, TikTok, Youtube…
ANEXO.
Hemos descubierto un mini-sello y distribuidora itinerante de Castellón que se llama Cintas Nómadas, echadles un vistazo que tienen bandcamp, e incluso un fanzine imprimible!
También estábamos repasando las tiendas de música que venden casetes en Valencia. Se nos ocurre Discos Oldies, Ultrasound, Digital Records, y Devil Records… ¿nos hemos dejado alguna? ¡Avísanos en nuestro grupo VIP de Telegram!


