La industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta. No lo decimos nosotros, lo dice la ONU, la Agencia Europea de Medio Ambiente y básicamente cualquier organismo que haya mirado los datos con algo de detenimiento. Y los datos, la verdad, dan un poco de mal rollo.
Pero antes de ponernos apocalípticas, vamos a ver exactamente de qué estamos hablando.
1. Consume cantidades absurdas de agua 💧
Cultivar algodón, fabricar tejidos, teñirlos, acabarlos... todo eso requiere agua. Mucha. En 2022, los textiles consumidos por los hogares europeos requirieron unos 5.300 millones de metros cúbicos de agua. Unos 12 metros cúbicos por persona. Para que te hagas una idea: eso es como llenarte la bañera unas 80.000 veces. Por persona. Al año. Solo en ropa.
2. Está hecha de petróleo 🛢️
Entre el 60 y el 70% de los textiles son fibras sintéticas, principalmente poliéster. Y el poliéster se fabrica a partir de petróleo y gas. Así que cuando compras una camiseta de fast fashion, básicamente estás comprando un derivado del petróleo con forma de camiseta. Qué bonito.
3. Contamina el agua con productos químicos 🧪
El teñido y el acabado de tejidos utiliza numerosos productos químicos. El PNUMA (el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que no se anda con chiquitas) considera la moda uno de los principales sectores implicados en contaminación del agua, emisiones y degradación del suelo. No es un dato menor.
4. Suelta microplásticos en cada lavado 🧵
Las prendas sintéticas desprenden microfibras durante su fabricación, su uso y, especialmente, cuando las lavas. La Agencia Europea de Medio Ambiente estima que en Europa llegan al agua unas 13.000 toneladas de microfibras textiles al año. Al año. 13.000 toneladas. De microfibras. En el agua.
5. Genera montañas de residuos 🗑️
Y aquí está el quid de la cuestión: el fast fashion ha conseguido que compremos cada vez más ropa y la usemos cada vez menos tiempo. En Europa compramos unos 19 kg de textiles por persona al año (en 2019 eran 17 kg). Más ropa, más barata, que dura menos y acaba antes en la basura. El negocio perfecto... para quien lo vende.
El problema no es la ropa. Es el modelo.
Esto es lo que nos parece más importante de todo: el problema no es simplemente "la ropa". Es el modelo de producir muchísimo, vender barato, renovar constantemente las colecciones y conseguir que la ropa tenga una vida útil ridículamente corta. La propia Agencia Europea de Medio Ambiente señala que alargar la vida de las prendas, reutilizarlas, repararlas y reciclarlas puede reducir considerablemente su impacto.
Y aquí es donde entra la ropa de segunda mano. Una prenda que ya existe no necesita más agua, más petróleo ni más productos químicos para llegar a tu armario. Ya está hecha. Solo necesita que alguien la quiera.
En Gnomo apostamos por la ropa vintage y de segunda mano precisamente por esto, porque tiene todo el sentido del mundo. Y, además, seleccionamos las prendas con cuidado y cariño para que tengas un estilo sostenible y absolutamente único.